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Se convocan elecciones anticipadas en Portugal tras la caída del gobierno en medio de huelgas de masas

El presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa ha convocado elecciones anticipadas para el 30 de enero después de que colapsara el gobierno en minoría de siete años del primer ministro António Costa del Partido Socialista (PS) en medio de huelgas de masas. El parlamento había rechazado los presupuestos del PS para 2022 la semana pasada. Es la primera vez desde que la Revolución de los Claveles de 1974 desbancara al régimen del Estado Novo establecido por el dictador fascista António Salazar que se rechazan unos presupuestos en Portugal.

Palacio São Bento

En un discurso televisado, Sousa dijo que la derrota de los presupuestos del PS “ha reducido totalmente la base de apoyo del gobierno”, y 2022 será “un año decisivo para una salida sostenible de la pandemia y la crisis social que nos ha golpeado”. Añadió, “En momentos como este hay siempre una solución en la democracia … devolverle la palabra al pueblo”.

Costa se negó a dimitir como primer ministro en funciones, prometiendo dirigir la campaña del PS por una “mayoría reforzada, estable y duradera”. El PS tenía solo 108 escaños del parlamento portugués de 230 escaños, y dependía del apoyo del estalinista Partido Comunista de Portugal (PCP) y el pequeñoburgués Bloque de Izquierdas (BE). Para mantener el paripé de que se oponen a la austeridad a pesar de haber apoyado al PS durante seis años, el BE y el PCP se sintieron obligados a oponerse a los presupuestos en la votación del 27 de octubre en el parlamento, lo que llevó a su fracaso inmediato.

La élite gobernante está aterrada por la erupción de la lucha de clases. Las elecciones anticipadas son profundamente impopulares; de hecho, el 54 por ciento de los encuestados en un sondeo reciente se oponían a la convocatoria de elecciones anticipadas. Se las ve de manera generalizada como una sucia maniobra, que usa el nacionalismo y la retórica pseudodemocrática para intentar sofocar el recrudecimiento de la lucha de clases. Se produce mientras los sindicatos, bajo presión creciente, están intentando desesperadamente dividir, desconvocar y desactivar una oleada de huelgas.

En las semanas recientes, huelgas de decenas de miles de trabajadores de varias industrias han estallado en todo el país. En septiembre y octubre, trabajadores ferroviarios, farmacéuticos, trabajadores del metro, técnicos de emergencias prehospitalarias, empleados de recaudación de impuestos y guardias de prisiones, todos fueron a la huelga.

El jueves, mientras Sousa anunciaba las elecciones, trabajadores del Metropolitano de Lisboa (ML) fueron al más reciente de una serie de paros de 24 horas contra la congelación de los salarios y la falta de ascensos en la carrera.

La semana pasada, el Sindicato Nacional de Bomberos Profesionales desconvocó una huelga por la subida de los salarios prevista para el 11 y el 12 de noviembre, argumentando que el fracaso de los presupuestos y la “caída previsible del gobierno decidida en los días siguientes son factores que justifican la retirada de la huelga”. Afirmaba que presentaría sus demandas “a su debido tiempo al nuevo ejecutivo electo”.

El dirigente del Frente Sindical de la Administración Pública, José Abraão, luego suspendió el paro de esta semana por aumentos salariales para los empleados públicos, diciendo: “Sin los presupuestos del Estado, hay un conjunto de medidas que son imposibles … en lo que concierne a nuestros problemas … suspendimos todas las formas de lucha esperando que, a la mayor brevedad, podamos tener un presupuesto”.

La FNAM, la federación de los médicos, también anunció la suspensión del paro previsto para el 23-25 de noviembre. Declaró, “Después de una evaluación minuciosa de la crisis política actual, condicionada por la no aprobación de los presupuestos del Estado para 2022”, iba a desconvocar el paro. Concluía demandando negociaciones “urgentes” con el nuevo gobierno.

Los sindicatos, el gobierno del PS y el estalinista PCP y el Bloque de Izquierdas están aterrados por la creciente ira obrera, notablemente contra los rescates de la Unión Europea por la pandemia. El nuevo gobierno tendrá el mandato de imponer medidas de austeridad de la UE para devolver los €45 mil millones que la UE le está dando a la aristocracia financiera de Portugal en los próximos años como parte de los fondos del rescate. También tendrá ante sí recortar la enorme deuda pública del 133 por ciento del PIB.

Mientras la UE y el gobierno portugués entregan miles de millones a los ricos, planean limitar estrictamente los salarios y aplicar una política de “inmunidad colectiva” de infección masiva por COVID-19. Se espera que mueran miles de personas en el país, parte de las otras 500.000 muertes por COVID-19 que se esperan en Europa en los próximos tres meses, según declaraciones del director para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Hans Kluge.

Las políticas criminales del gobierno del PS en Portugal han llevado a muertes masivas. Desde marzo de 2020, han muerto 18.167 personas, y se registraron 1.091.142 casos de contagios —el 10 por ciento de la población, según datos del Directorio-General para Sanidad.

Sondeos de opinión recientes sugieren que el Partido Socialista ganará la reelección pero otra vez se quedará corto para la mayoría parlamentaria. Obtendría el 36 por ciento de los votos. Las políticas de austeridad del líder del PS y primer ministro en funciones, sin embargo, se enfrentan a una oposición creciente, incluso según sondeos de opinión oficiales. Ha pasado del 45 por ciento de apoyo y 34 por ciento de rechazo en un sondeo en julio pasado a un 34 por ciento de apoyo y un 38 por ciento de rechazo hoy.

Temiendo que las elecciones profundicen la crisis política, el PCP y el BE, que han perdido apoyo tras seis años de respaldar a Costa y que apoyaran la brutal represión a la huelga de los camioneros en 2019, mientras el gobierno del PS llamaba al ejército para obligar a los camioneros a volver a trabajar.

El PCP y el BE hubieran preferido que Costa hiciera concesiones nominales durante el debate presupuestario. Sus demandas durante las negociaciones del presupuesto, tales como la subida del salario mínimo mensual a unos miserable 805 euros y compensaciones por despidos colectivos; fortalecer la posición de los sindicatos en las negociaciones colectivas para suprimir las luchas de los trabajadores; y leves aumentos a las jubilaciones y la inversión pública en el servicio nacional de salud (SNS), habrían hecho muy poco por revertir la brutal austeridad implementada tanto por gobiernos del PS apoyados tanto por los conservadores como por el BE y el PCP.

Reaccionando al anuncio de las elecciones anticipadas, el dirigente parlamentario del Bloque de Izquierdas, Pedro Filipe Soares, empezó por defender esto diciendo que este desenlace “no [significa] que fuera una inevitabilidad”. Continuó, “Por parte del Bloque de Izquierdas, no queríamos elecciones, y siempre quisimos garantizar unos presupuestos que no le faltaran al país en este momento fundamental”.

El dirigente del PCP, Jerónimo de Sousa, reaccionó el viernes, declarando cínicamente, “El país no tiene presupuestos porque el PS no quería ofender los intereses del capital para estar libre de servir los intereses que siempre ha servido”.

De hecho, el PCP y el Bloque de Izquierdas, al respaldar las políticas reaccionarias del PS, le han abierto las puertas al partido ultraderechista Chega para que se las dé de único partido de la oposición. Se espera que llegue a ser la tercera mayor fuerza parlamentaria, pasando de un escaño en el año de su fundación a hasta 20 escaños, según algunos sondeos. Chega es el primer partido ultraderechista que obtiene una cuota significativa del voto nacional desde que fuera desbancada la dictadura de Salazar.

Que Chega esté creciendo y que ello esté teniendo lugar mientras la clase capitalista de Europa y del mundo aplica una política de austeridad y contagios masivos por COVID-19 es la más seria advertencia.

Para que el movimiento huelguístico incipiente en Portugal logre sus objetivos, hay que vincularlo al movimiento internacional en expansión de la clase trabajadora contra la austeridad salarial, la guerra y las políticas de tipo fascista de la “inmunidad colectiva” de la clase gobernante sobre la pandemia de COVID-19.

La tarea del momento es construir un movimiento políticamente independiente de la clase trabajadora, que luche por una estrategia de erradicación contra la pandemia y por el socialismo. Esto implica luchar por construir una sección portuguesa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 8 de noviembre de 2021)

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